En qué creemos
● La Biblia
Creemos que la Biblia es la Palabra de Dios. Dios el Espíritu Santo inspiró a los escritores humanos, utilizando sus personalidades y estilos para escribir las palabras mismas de Dios.
Por lo tanto, creemos que toda la Biblia es inerrante – sin error en todo lo que afirma (en los manuscritos originales). Consiste de los sesenta y seis libros. La Biblia es la autoridad suprema en todos asuntos de fe, práctica y vida.
● Dios
Creemos en el Dios verdadero. Hay un solo Dios que existe eternamente en tres personas (la Trinidad): el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Cada una de estas tres personas posee la misma naturaleza y los mismos atributos y perfecciones de la Deidad: Dios es un Dios de gracia y amor, santo y justo, eterno, omnipresente, omnisciente, omnipotente y soberano, verdadero, no cambia, no necesita a nadie – es perfecto.
Por lo tanto, solamente Dios merece nuestra adoración y oración.
● Dios el Hijo
Creemos en Jesús, que es Dios el Hijo encarnado, la segunda persona de la Trinidad. Jesús es el Señor y Cristo prometido, e igual en deidad, atributos y naturaleza con el Padre y con el Espíritu Santo.
Jesús fue engendrado por el Espíritu Santo y concebido en la virgen María. Ha tomado una naturaleza enteramente humana con todos sus atributos y debilidades, aunque sin pecado.
Jesús vivió y actuó en la tierra con sus dos naturalezas. Murió en una cruz, se levantó corporalmente de los muertos al tercer día, y ascendió al cielo donde está al lado derecho del Padre.
● Dios el Espíritu Santo
Creemos en el Espíritu Santo, la tercera persona de la Trinidad. Creemos en su personalidad y deidad.
El Espíritu Santo obra la regeneración, y desde el día de Pentecostés el Espíritu Santo mora en cada creyente.
Él obra en la santificación del creyente para transformarle a la imagen de Cristo, y le da dones espirituales para servir a Dios y a su iglesia.
● El Ser Humano y el Pecado
Creemos que Dios creó al ser humano, hombre y mujer. Dios los creó con una dignidad especial, a su imagen, con la capacidad de tener una relación personal con Dios.
El ser humano pecó y por lo tanto incurrió en el castigo de la muerte física y espiritual, quedando de esta manera separado de Dios.
La entrada del pecado al mundo no solamente corrompió a la humanidad sino a toda la creación.
Por lo tanto todos los seres humanos nacen con una naturaleza pecaminosa y son responsables de sus pensamientos, palabras y hechos.
● La Salvación
Creemos que Jesucristo voluntariamente dio su vida en la cruz para ofrecer salvación al ser humano.
Siendo inocente, Jesús en la cruz recibió el castigo que nosotros deberíamos haber sufrido por nuestros pecados.
Una persona recibe la salvación por medio de la fe – cuando confía y cree en Jesús y en su muerte y resurrección. La salvación es un regalo de Dios, así que se la recibe por gracia: Ningún esfuerzo humano puede ganarnos el perdón de nuestros pecados. No hay ninguna manera de llegar a Dios y ser salvo aparte de la salvación que nos ofrece Jesús.
En la salvación el Espíritu Santo obra la regeneración de la persona y su nuevo nacimiento. Dios declara justo al creyente y lo adopta eternamente en la familia de Dios.
● La Vida Cristiana
Cuando una persona recibe el amor y la salvación de Jesús, la respuesta natural es de amar y obedecer a Jesús, y crecer en este amor y esta obediencia.
El creyente y el Espíritu Santo cooperan juntos en el proceso de crecimiento (la santificación).
Los medios de la gracia que fomentan este crecimiento incluyen la Biblia, el compañerismo con otros creyentes (donde se animan y exhortan mutuamente), los servicios congregacionales de adoración a Dios, y otros.
Hasta el día de la redención final, los creyentes todavía luchan contra el pecado. Cuando un hijo de Dios comete algún pecado, Dios siendo el buen Padre, le invita a arrepentirse, a confesar su pecado, y recibir su perdón.
● La Iglesia
Creemos que la iglesia es una comunidad que consiste de creyentes verdaderos en un lugar, organizados en una congregación, que se enfoca en la adoración a Dios, la edificación de los creyentes y la evangelización de los no-creyentes (lo que ninguna otra entidad puede hacer).
Tal como Jesús lo ordenó, la iglesia practica el bautismo de agua y la cena del Señor.
La iglesia como “la familia de Dios” se caracteriza por la unidad, el amor y el servicio mutuo de los miembros, utilizando sus dones espirituales y sus bienes.
La iglesia universal consiste de todos los creyentes, “el cuerpo de Cristo”, el cual es la herramienta principal de Cristo para hacer su obra en este mundo.
● El Futuro
Creemos que cuando un creyente muere pasa inmediatamente a la presencia de Dios.
Creemos que Jesús vendrá por segunda vez a la tierra en forma inminente y corporal, en un día conocido solamente por Dios.
Los muertos resucitarán: Los creyentes resucitarán para disfrutar la vida eterna en la presencia de Dios y para recibir recompensas por sus buenas obras. Los que no pusieron su fe en Jesús resucitarán para recibir el castigo justo por sus pecados – existir conscientemente y eternamente separados de Dios en el infierno, junto con Satanás y sus espíritus malignos.
Jesús reinará en poder y gloria y los creyentes lo verán cara a cara y disfrutarán de la vida eterna, lejos de cualquier pecado, enfermedad o sufrimiento – para siempre.
Prácticas distintivas
“¿O no saben ustedes que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en Su muerte? Por tanto, hemos sido sepultados con El por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida.” (Romanos 6:3–4).
El bautismo cristiano es un testimonio público y visible de:
a. El perdón de los pecados otorgado por Dios en Cristo (Hechos 22:16; 1 Corintios 6:11; Efesios 5:25–27).
b. La nueva vida en Cristo (Tito 3:5).
c. La presencia permanente del Espíritu Santo como el sello de Dios que testifica y garantiza que la persona va a estar guardada y segura en Cristo para siempre (1 Corintios 12:13; Efesios 1:13–14).
El bautismo contiene estos significados porque primera y fundamentalmente, simboliza la unión con Cristo en su muerte, sepultura y resurrección (Romanos 6:3–7; Colosenses 2:11–12), tornándose así, en la fuente de vida plena (1 Juan 5:11–12).
La recepción de esta señal de fe les da a las personas bautizadas la seguridad de que el don divino de la justificación y la santificación en Cristo les han sido dados de manera gratuita. Al mismo tiempo, las compromete a vivir como discípulos obedientes de Jesús.
El bautismo marca una línea divisoria en la existencia del ser humano, porque simboliza haber sido injertados, como nueva criatura, en la vida resucitada de Cristo.
¿Por qué realizamos el Bautismo?
Cristo les ordenó a sus discípulos que bautizaran en el nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Mateo 28:19). Esto significa ser incorporado en una comunidad donde se conoce y ama a Dios como Padre, se vive bajo la autoridad del Hijo y dependemos de los recursos del Espíritu para nuestra vida y misión. Significa vivir bajo el dominio y dirección del Trino Dios.
¿Somos salvos por haber sido Bautizados?
La señal externa no trae consigo de manera automática ni mágica las bendiciones internas que simboliza. La profesión de fe de los candidatos no siempre es genuina. Pedro le tuvo que decir a Simón el mago poco después de haber sido bautizado éste, que aún su corazón no había sido renovado (Hechos 8:13–24).
¿Quiénes y cómo deben ser bautizados?
El bautismo es real y válido si hay presencia de agua y se realiza en el nombre de cada una de las personas de la Trinidad en una atmósfera de fe genuina.
En IDC reconocemos que en la cristiandad no hay una sola manera de comprender y practicar el bautismo pero recomendamos encarecidamente la exigencia de una fe personal previa, y administrarlo por inmersión total del cuerpo, en la medida que esto sea posible.
¿Qué es la Santa Cena?
La Santa Cena es un acto de adoración que toma la forma de un banquete ceremonial en el cual los discípulos de Jesucristo comparten pan y vino en memoria de su Señor crucificado y en celebración de la nueva relación de pacto con Dios por medio de la muerte de Cristo.
La Confesión de Westminster, declara:
Nuestro Señor Jesús, en la noche en que iba a ser traicionado, instituyó el sacramento de su cuerpo y sangre, llamado Cena del Señor, para que lo observara su Iglesia hasta el final del mundo, como recuerdo perpetuo del sacrificio de sí mismo en su muerte; el sello de todos los beneficios de ese sacrificio para los verdaderos creyentes, su alimentación espiritual y crecimiento en Él, un estímulo mayor para ellos en todos sus deberes para con Él, y para cumplirlos todos ellos; y para ser un lazo y promesa de su comunión con Él y entre sí, como miembros de su cuerpo místico.
Los pasajes que hablan de la Cena en la que se apoya esta declaración son los cuatro relatos de su institución (Mateo 26:26–29; Marcos 14:22–25; Lucas 22:17–20; 1 Corintios 11:23–25) y 1 Corintios 10:16–21; 11:17–34.
El sermón de Jesús (Juan 6:35–38) acerca de sí mismo como el Pan de vida, y la necesidad de alimentarnos de Él fue predicado antes de que existiese la Santa Cena, y es mejor comprenderlo relacionándolo con aquello que la Cena simboliza (esto es, la comunión con Cristo por la fe), más que con la Cena misma.
La Santa Cena tiene tres niveles de significado para los participantes:
- En primer lugar tiene una referencia al pasado, a la muerte de Cristo que recordamos.
- En segundo lugar tiene una referencia al presente‚ a nuestra alimentación comunitaria en Él por la fe, con consecuencias en cuanto a nuestra manera de tratar a los demás creyentes (1 Corintios 11:20–22).
- En tercer lugar, tiene una referencia al futuro‚ puesto que esperamos el regreso de Cristo. Mantiene viva esta gloriosa expectativa.
Se nos aconseja un examen previo de nosotros mismos, para asegurarnos que nuestra participación sea consiente y apropiada. (1 Corintios 11:28).
¿Quiénes deben participar en la Cena del Señor?
Reconocemos que tradicionalmente la participación se ha restringido a cristianos bautizados en plena comunión con el Señor y respetamos esta práctica tradicional de muchas iglesias.
En nuestra comunidad no excluimos a nadie que desee participar en respuesta al Evangelio de la Gracia que ha sido proclamado. Si es una persona que aún no tiene una relación viva con Jesucristo lo animamos a que exprese su deseo de convertirse en discípulo de Jesucristo participando de la Cena. Si es un cristiano que está alejado de su Señor, creemos que participar de la Cena del Señor es una extraordinaria oportunidad de reconciliarse con Jesús. Si es un creyente de buen testimonio, la Cena del Señor es un momento de renovar y profundizar su compromiso de continuar amando y obedeciendo a Jesús.
Por eso, no imaginamos un servicio de adoración de nuestra comunidad donde la mesa del Señor no sea servida, ya que es una expresión visible de la presencia del Señor en medio nuestro y su anhelo de tener comunión profunda con cada uno de nosotros.
¿Por qué debemos dar?
Dios es la fuente de todas las bendiciones, temporales y espirituales; todo lo que tenemos y somos se lo debemos a Él. El mayor de todos los dones recibidos fue la inmensa generosidad con la que Jesucristo entrego su vida para nuestra salvación.
Esto pone a los cristianos bajo una gran deuda espiritual para con todos los seres humanos, que la razón por la que este gran sacrificio fue hecho debe ser conocida por cada habitante de la tierra. Por tanto, debemos servir a Dios con nuestro tiempo, talentos y posesiones materiales; reconociendo que todo lo que tenemos nos ha sido confiado para usarlo para la gloria de Dios y para ayudar a otros. Por lo tanto, de acuerdo con las Escrituras, los cristianos deben contribuir de lo que tienen, alegre, regular, sistemática, proporcional y liberalmente para el progreso de la causa del Redentor en la tierra.
¿Cuánto debemos dar?
Reconocemos que la respuesta a esta pregunta queda en el ámbito de la libertad que recibimos como un don de Dios y por la que Cristo murió. Debemos recordar que para Dios es más importante ¿Por qué damos? Que ¿Cuánto damos? Y esto es así, porque la fe cristiana es una fe del corazón y Dios antes que la cantidad de dinero que damos mira nuestro corazón.
Pero para aquellos que preguntan honesta y sinceramente al Señor: ¿cuánto debo dar? Les animamos a considerar las palabras de Tim Keller, un pastor respetado y muy querido alrededor del mundo:
“Ha habido ocasiones cuando las personas han venido a mí como su pastor y me han preguntado acerca del ‘diezmo’, el dar una décima parte de su ingreso anual. Ellos observan que en el Antiguo Testamento hay mandamientos muy claros con respecto a que los creyentes deben dar un 10 por ciento. Pero en el Nuevo Testamento los requisitos específicos y cuantitativos son menos prominentes. A menudo me preguntan: ‘¿Realmente crees que ahora, en el Nuevo Testamento, se exige a los creyentes dar un diez por ciento? ¿Verdad que no?’ Lo niego con la cabeza y ellos dan un suspiro de alivio. Pero prontamente añado: ‘Te diré la razón por la que no ves el requisito del diezmo está claramente delineado en el Nuevo Testamento. Piensa. ¿Has recibido más de la revelación, verdad y gracia de Dios que los creyentes del Antiguo Testamento o menos?’ Usualmente hay un silencio de incomodidad. ‘¿Somos más “deudores de la gracia” que lo que fueron ellos o menos? ¿“Diezmó” Jesús su vida y su sangre para salvarnos o lo dio todo?’.
El diezmo es un estándar mínimo para los creyentes cristianos. Realmente no quisiéramos encontrarnos en una posición en la que demos menos de nuestros ingresos que lo que hicieron aquellos que tuvieron un entendimiento menor de lo que Dios hizo para salvarles”.
En IDC añadiríamos que más importante que el porcentaje de tus ingresos que decidas dar para la extensión del Reino de Dios en la Tierra, lo valioso es cultivar el valor de la generosidad en respuesta a la generosidad sin límites con la que Cristo entregó toda su vida sacrificialmente por nosotros.
Vida de iglesia
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IDC Kids es un espacio donde los niños aprenden a conocer a Dios y su Palabra de manera dinámica, creativa y divertida. Buscamos acompañarlos en sus primeros pasos de fe, enseñándoles valores bíblicos y ayudándolos a desarrollar un corazón que ame a Dios y a los demás, mientras forman amistades dentro de la comunidad.
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